La sopa de los domingos difíciles
12 de marzo de 2026
Hay una sopa que hago cuando no tengo ganas de nada. Cebolla, zanahoria, un puerro si hay, y lo que quedó en la heladera. No tiene receta y por eso funciona: no hay forma de arruinarla, no hay forma de fracasar.
La descubrí un domingo en el que no me quería levantar. Me levanté igual, por la sopa. Y esa es toda la sabiduría que tengo para ofrecer: a veces una se levanta por cosas chiquitas, y eso alcanza.
Cocinar es la forma más barata
de demostrarse cariño.
Va a fuego bajo cuarenta minutos. En ese rato podés llorar, hacer llamados, o simplemente sentarte a mirar cómo hierve. Las tres opciones son válidas.
Patsy